sábado, 16 de febrero de 2013

Razón nº 6: Por el fútbol

Queridos navegantes:


Siento mucho mi ausencia, la verdad es que este año y medio ha sido de locos. Un día de éstos me di cuenta de que la crisis estaba pudiendo conmigo y había dejado de sonreír tanto como acostumbraba así que he decidido recuperar este blog y ¡seguir riendo por mucho tiempo!

La razón de hoy es "el fútbol" porque ¿alguna vez os habéis planteado lo divertido que puede ser este deporte? Y no me refiero al hecho de ver a once personas adultas corriendo (cual abuela detrás de una oferta de marisco) detrás de un trozo de cuero (yo creo que es un mito y los balones hoy en día están hechos de papel porque les das tres patadas y ya se han roto...), ni a que el fúbol sea el único motivo por el que miles de Españoles salen a la calle todos juntos a cantar y gritar "campeones, campeones" (cuando ellos en realidad no han ganado nada y no van a ver ni medio céntimo del premio juju), no, yo me refiero más bien a lo que hay detrás del fúbol, a la filosofía profunda de este deporte aparentemente tan simple, y en concreto, al fútbol amateur.

Veamos, tenemos a veintidós machos ibéricos de mediana edad (mediana comparada con Pedro Picapiedra, claro!) que la última vez que corrieron fue cuando les tocó coger el autobús porque el coche estaba en el taller, y la última vez que vieron su ombligo fue años atrás justo antes de comprarse la pantalla plana para ver los partidos en HD. Estos sujetos, un buen día deciden juntarse para jugar un partido de fútbol y echarse unas cañas después recordando los viejos (tirando hacia la Edad Media) tiempos de juventud. Y ahí se juntan con sus camisetas de deporte de cuando el Madrid llevaba el TEKA como patrocinador, las zapatillas que tienen más años que los bolis bic y  se plantan en mitad del campo a jugar (bueno, si puede llamarse asi, claro).

¿Y qué pasa? Pues nada, eso pasa. Que cuando por fin llegan todos, el árbitro (otro de los de la tribu de los picapiedra) pega un pitido que hasta los grillos del campo se oyen más fuerte (eso si, casi tiene que venir el 112 a rescatarlo por falta de oxígeno) y comienza el juego. Bueno, técnicamente, porque en los segundos que transcurren entre que se oye el silbato hasta que el primer jugador "corre" con la pelota, el portero se ha tropezado atándose los cordones, el defensa se pone a recolectar margaritas del campo y el central del otro equipo empieza a estornudar porque tiene alergia al polvo. 

Y así comienza este maravilloso deporte que tanto se asemeja a las antiguas batallas. Porque ¿alguien se ha preguntado por qué el fútbol tiene tanto éxito? (vale, ya sé que la gente no le da mucho al coco últimamente pero oye...) Tenemos a dos equipos: los buenos (o eso piensan ellos) contra los malos (o eso piensan los otros). Ambos equipos luchan por hacer el máximo daño al equipo contrario. Obviamente quedaría raro que personas adultas y aparentemente pacíficas (bueno, ni aparente ni ná que de pacíficas no tienen ni la paloma!) se pusieran en mitad de un campo dividido en dos a tirarse palos y piedras en pleno siglo XXI. Así que en lugar de eso, se pasan los unos a los otros una pelota para eliminar el rival metiendo un gol. Y para ello ponen en práctica su fuerza bruta (cual Atila el Huno) su habilidad (que ni Robin Hood en sus mejores tiempos) y su inteligencia (aqui no se me ocurre ningún nombre que poner tuturu). 

Como esperaréis, nuestro partido amateur dura poco. Pues quien dijo que el deporte era sano obviamente nunca lo practicó puesto que a los veinte minutos de partido tres jugadores se han tropezado, otro se ha pisado un cordón y casi se come la portería y el suplente súper motivado por salir por fin al campo se ha atragantado bebiendo agua y casi hay que reanimarlo. El caso es que al final nuestros futbolistas amateur deciden que viven mucho mejor viendo el fúbol que practicándolo, cogen la pelota ya medio pinchada, las cerves (bien frias) y se sientan a hablar de cuando jugar al fútbol no era una odisea.

Bueno queridos navegantes, ya sabéis que yo a veces soy un peliiin exagerada (pero nada eh! que seguro que ni se nota!) así que espero que ningún furbolista se me haya enfadado por esta entrada. Recordad que reir es muy sano y que lo mejor es reirse de uno mismo!!

Recuerdos de una portera que se pasa el día con las piernas amoratadas!

El Arlequín








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