jueves, 28 de febrero de 2013

Razón nº 7: Ser mamá

Queridos navegantes,




En estos meses han nacido un par de pequeños duendecillos y he estado pensando en lo bonito que es ser mamá y en todo el trabajo que conlleva. Yo como nanny viví los primeros pasos de la nena que cuidaba y las primeras palabras de little demon, asi que no puedo imaginar lo que tiene que ser ver a tu bebé todos los días y poder reirte con sus moñerías.



Sin embargo, por muy bonito que os lo pinte, los que sois padres sabéis que los niños cambian la vida de una pareja (o madre/padre soltera/o) de forma radical y a veces en pequeños detalles que nadie te había comentado (yo no tenía ni idea de que las madres tenían sed cuando daban de mamar!)  Hoy os dejo un artículo del blog De mamás y de papás escrito por Cecilia Jan en El Pais.  Al leerlo he pensado en si será muy dificil para mi renunciar a estas cosas cuando llegue el momento (mamá, lo siento, parece que tendrás que esperar para ser abuela... o resignarte a tener nietos feos y marrones jajaja)



Ahí va: (con comentarios mios incluidos)



Pequeños cambios que nadie te cuenta antes de tener niños




Antes de tener niños, tienes claro que cambiará tu vida. Lo de no dormir, viajar menos, o reducir el cine, cenas o conciertos te lo esperas. Pero hay algunos aspectos que nadie te cuenta y ni te imaginas, pequeños detalles que, cuando te paras a pensar, han colonizado tu día a día. Me dí cuenta de uno de ellos en una conversación con mi compañero de trabajo y padre relativamente reciente Fernando Navarro, autor del blog La ruta norteamericana, al que emplazo desde aquí a que nos escriba un post con recomendaciones musicales roqueras para niños.
No sé cómo, acabamos hablando de por qué no llevo las uñas pintadas. No sólo sin pintar, sino que las llevo cortadas al ras. Las madres con niños pequeños seguro que adivinaréis por qué. Si no, os lo cuento aquí abajo, junto con otras pequeñas cosas que, supongo, volverán a su ser cuando mi prole (5 años, casi 4 y 19 meses) crezca. :O He aquí mi lista:

1. No me dejo las uñas largas ni me las pinto. Lo primero, para no arañarles sin querer al cogerles, bañarles, jugar, sonarles los mocos, etc, etc. Lo segundo, cuando eran más bebés, para que no se intoxicaran (no sé los vuestros, pero mis polluelos, en la fase de dentición, se metían de todo en la boca, incluidos mis dedos; y si no, se los metía yo para tocarles las encías). Y ahora, porque no tengo tiempo ni ganas de convertirme en la manicura de tres retacos pidiendo "ahora a mí".(yo en esto no tengo problema porque con eso de ser portera nunca las he llevado ni largas ni pintadas jajajaja)
2. No llevo bisutería o joyas grandes. Parecido al punto 1, pero con un elemento de autodefensa: para que mis orejas no acaben con los agujeros más grandes que los túneles del Metro y para no hincar las rodillas más de la cuenta recogiendo perlitas de collares rotos. (y ya van dos cosas... la joyería a lo Duquesa de Alba tampoco ha sido lo mio).
3. No leo en el cuarto de baño. Ya sabemos que hay dos clases de personas en estos menesteres: las rápidas (cacafast) y las lentas (cacaslow). La intermedia la forman loscacaslow con niños pequeños, forzados a acelerar y a renunciar a esos minutos de lectura pausada en un ambiente estimulante. Y es que es muy difícil concentrarse cuando tu bebé de 0 a 18 meses insiste en acompañarte, o tus niños de tres a cinco años abren la puerta o llaman cada dos minutos. A veces echo el pestillo, pero me esperan a la salida como a Vincent Vega (John Travolta) en Pulp Fiction. (La verdad es que yo siempre he sido cacafastpitandoquenollego jajajaj)
4. No llevo ropa interior bonita. Que sí, que dar el pecho es muy bonito, así estoy yo, con la teta fuera desde hace años. Pero ¿por qué los sujetadores de lactancia son tan feos? Ya no digo lencería sexy, pero podrían fabricar algo más allá de armazones de algodón con menos gracia que un hábito de monja. (yo siempre he creido que el look monjeril tiene su encanto... jajaja)
5. No hay sexo a deshoras. Una aportación de mi compañera Clara Blanchar, que ya lo explicaba muy bien en este post: se acabaron los encuentros matutinos de los domingos. A lo que añado las siestas alegres, las tardes rumbosas, los aquí te pillo aquí te mato... Todo queda reducido al estilo ninja, que desarrollaremos algún otro día: a oscuras, rápido y silencioso.  (me meo con este punto ajajajajajajaj)
6. No llamo el ascensor. ¿Suena absurdo? Pues tampoco le doy al interruptor de la luz del garaje. Cuando están los niños delante, ya se pelean bastante entre ellos por pulsar cualquier interruptor pulsable como para que entre yo a competir. De hecho, tenemos ya tal pánico que cuando estamos Eduardo y yo solos y hay que pulsar, nos miramos con aprensión, no vaya a ser que el otro se cabree porque alguien le dé antes al botón. (dios, esto lo he vivido yo en mis carnes y es horrible!!! :O)
7. Charlo con otros adultos en modo piloto automático. Ejemplo:
- Yo: ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Qué tal estás?
- Amiga: Bien, bien. Pero estamos en un apartamento porque estamos haciendo obra en casa.
- Yo: Ah, sí, qué bien. ¡David, deja a tu hermana en paz! Me decías que obra...
- Amiga: Sí, estamos cerrando la terraza y...
- Yo: Ah, sí, la terraza. ¿Dónde está Elisa? ¡Natalia, devuélvele eso a tu hermano! ¿Terraza?
- Amiga: Sí, y cambiando el parquet.
- Yo: Ummm, parquet, espera un momento, que no sé dónde está Elisa...
- Yo: ¿Amiga? ¿Pero ya te vas? ¡Si no hemos terminado de charlar!
 (Bueno... esta conversación ejemplifica el estilo comunicativo normal de un día de diario por la noche en mi casa asi que tampoco lo veo muy complicado...)

8. He vuelto a comer chuches. Los gusanitos y los aspitos (en la foto de arriba) son lo más sano y están buenísimos. Pero además, hay todo un mundo, que vuelve con fuerza en forma de regalitos de cumpleaños de los compañeros del cole: chupachups, palotes, pica pica, petazetas (sí, qué pasa, ¡si los usa hasta Ferran Adrià!). En realidad, soy una madre coraje que me sacrifico por mis hijos, para que no se pongan malos comiéndoselo todo. (jajajaja yo esto nunca dejé de hacerlo! de pequeña no me dejaban tomar chuches y estoy compensando el azucar perdido!)


9. Como sobras. Muchas. Da pena tirar comida. Y muchas veces, es lo más rápido y limpio. Por ejemplo, vas por la calle y el niño no quiere medio plátano. ¿Lo tiras? No, al buche. Estás comiendo fuera y solo se comen la mitad de los nuggets. ¿Lo desperdicias? No. Pues al buche. Cenas en casa, y se deja el último bocado de pescado. ¿Lo más rápido? Al buche. Así estoy, que parezco embarazada de un cuarto niño. La pervensión de este complejo de trituradora humana, que comparten otras madres, es cuando miras al niño fijamente y deseas que NO se termine el plato porque es algo que estás deseando comer. (ai dios.. la de veces que he comido yo gratis en las acampadas de la comida de mis compañeros jajaja)
10. Hago manualidades y disfraces. Como ya conté en este post, la 
maternidad ha despertado en mí un extraño afán creativo que no se 
corresponde exactamente con mis habilidades manuales. Pero se hace lo que 
se puede. (las manualidades no son lo mio... pero bueno, siempre está mi hermana o la papiroflexia jiji)

Y para quien quiera saber más del tema, os dejo otro blog muy divertido sobre cosas que dejó de hacer la autora al ser madre. 
Un abrazo,

El Arlequín

pd: para ver esta entrada en todo  su explendor pincha aquí 






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