domingo, 25 de enero de 2015

Razón 22: cosas raras que me enseñaron las monjas


Buenas nuevas navegantes!

Siguiendo el consejo de mi amiga Belén, fan de este blog desde sus inicios, me siento a escribir una nueva entrada, esta vez sobre las cosas raras que me enseñaron las monjas.

Ultimamente me paseo bastante por algunos coles y me vienne a la cabeza aquellas cosas que me parecían normales cuando era pequeña pero que ahora, tras el paso por la universidad, me parecen lo menos inquietantes y que, al menos a mi, me sacan una sonrisa.


La primera de ellas es el amor a la comida de catring típica de colegio... con su arroz con tomate espachurrado y hecho pelota indescriptible, el puré con sabor a cigarro (es curioso la cantidad de gente que he conocido que asegura que en su colegio el puré también sabía a cigarro), la tortilla francesa tipo esponja que al espachurrarla salía aguilla, y la carne finurria en salsa (siempre me he preguntado cómo podía ser tan fina... quizás con la crisis contrataban a un estudiante de cirugía para que la cortara.. qué se yo!). Claro que lo mejor era la fruta espachurrá que nunca sabías si lo que comías era pera, manzana o plátano! 

Otra cosa curiosa que aprendí en las monjas era que "lo más importante era ser como una hormiguita". Recuerdo a aquella profesora contándonos como estos insectos a pesar de ser diminutos siempre llegaban a donde querían. Porque en esta vida "vale más el esfuerzo que la inteligencia". Este mandamiento iba seguido de la vida de Don Bosco (película incluida) junto a su frase más popular de "no con golpes sino con amor". La frase es preciosa, y yo mira que intentaba que el niño que me pegaba patadas cuando le regateaba jugando al fútbol lo entendiera... pero nada, el venga a pegarme patadas! 

La verdad que las enseñanzas de las monjas las llevo grabadas a fuego. Y junto a ellas, la obsesión por el orden que me inculcaron. Lo noto cuando me compro un libro... no veas que aún sigo forrandolos todos sin excepción!! es ver un libro sin forrar y escuchar a la monja "no olvidéis forrar los libros" y un algo me viene por dentro y no paro hasta que el libro está bien forradito. Esto es un poco patológico pues soy inapaz de prestar un libro y no pensar "dios mio.. como se arrugen las puntas..o ¿y si lo abre demasiado?". Entre eso y que me paso el día poniendole el nombre a todo lo que cae en mis manos... porque un libro tiene que tener siempre el nombre de su dueño (de hecho me he comprado un sello con mi nombre para ponerlo en mis libros forraditos).

Seguro que si me pongo a pensar hay muchas más cosas raras que me enseñaron las monjas de mi cole (como a hacer pipi sin papel porque nunca había o que para cantar agudo había que llevar el aire a la cabeza) pero la verdad que estoy muy orgullosa de mi escuela y de todo lo que aprendí ahi  (sobre todo la limpieza y el orden escribiendo que en su momento me llevaba a repetir una hoja entera para no hacer un tachón... por suerte ya no lo hago... viva el ordenador!) y no lo cambiaría por nada.

Feliz semana!

El arlequín


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