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Pensamiento nº 1: los cinco sentidos


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Queridos navegantes,

El tiempo pasa, y los tiempos cambian. La crisis no ha terminado, por mucho que algunos se empeñen en decirlo. No es que haya dejado de sonreir, es más bien, que ultimamente estoy más reflexiva. Aquí os dejo el primero de mis pensamientos.

Tecnicamente existen cinco sentidos. O al menos así ha sido durante años y años para el ser humano. Sin embargo, en nuestra vida tecnológica existen seis, o mejor dicho, uno. El pensamiento.

Pensar. Pensar. Pensar. Nuestro único propósito desde que nos levantamos hasta que nos acostamos es pensar. Pensamos que hacemos cosas, pero no las vemos, no las tocamos, no las olemos, no las gustamos y en la mayoría de las ocasiones, no las oímos. Palabras, pensamientos y más pensamientos inundan nuestro día a día asfixiándonos en un mundo inmaterial. Las palabras nos confunden y nos llevan a malentendidos, y pensamos. Pensamos que podríamos haber hecho diferente, pero nunca hacemos nada, solo pensamos.

Los niños no dibujan, no crean, no construyen. Los niños suman, leen, aprenden programación: piensan. No sé si piensan algo profundo o superficial, pero piensan. No tocan ni miran, no hacen, solo piensan y pulsan pantallas y teclas.

Los adultos redactan informes y hacen presentaciones. Escriben miles de palabras frente al teclado, pero ningun relato, ninguna historia, solo frases cortas acompañadas de caritas amarillas. Su día a día es monótono, van, vienen, escriben, miran la pantalla, vuelven y a dormir. Su cerebro no para, su mente no para, sus manos teclean y sus ojos se cansan. El cuello les duele, porque miran de frente pero no a su alrededor. La espalda les duele, porque llegan muy lejos pero no caminan dos pasos. La cabeza les duele, porque piensan y hablan pero no sienten.

Y yo pienso, y miro. Me paro a mirar por la calle a la gente pasar con sus smarphones. Me miro a mi misma caminando por la calle esquivando farolas. Abro los ojos y miro, pero no acabo de ver. Abro las orejas y oigo, pero no escucho. No escucho pájaros, ni árboles, ni rios. Solo coches y ruido. Ya no puedo escuchar, ya no sé escuchar. Solo oigo palabras y vidas que se mezclan sin hacerme sentir. Porque ya no escucho ni veo, solo pienso y hablo sin pararme a sentir.

Entonces me esfuerzo por saborear algo, un beso. Pero los besos del móvil no tienen sabor, son solo imágenes y recuerdos. La comida de verdad a penas pasa por mi boca. El olor de la ciudad me envuelve y no hay flores en mi terraza. Solo huelo humo. Solo veo pantallas. Solo escucho palabras.

Y entonces, en ese momento, decido caminar y recuperar mis sentidos. Salgo de casa andando con mis pies, mirando con mis ojos y escuchando con mis oidos. Y veo la magia de la gente: la niña que juega con la arena, los chicos en silla de ruedas en la puerta de un restaurante, las abuelas tomando el café del sábado con las amigas. Todos han dejado de pensar por un rato, y sienten.

Me tomo un helado y lo saboreo. Y aunque hace frio, no me importa porque puedo disfrutarlo, puedo sentirlo. El olor a ciudad me llega, y por primera vez dejo que me envuelva.  Y escucho la risa del bebé, y sonrio. Porque puedo ver, gustar, oler y escuchar.

Y sin embargo, mi descubrimiento más especial llega cuando soy consciente de mis manos. Las paso por las hojas de un seto, por encima de un banco, por el tronco de un árbol. Con mis manos dejo de pensar y empiezo a sentir. Y recuerdo todo lo que he sentido en estos últimos meses con mis manos.
 En esemomento, me da igual que piensen que estoy loca, no pienso, no hablo, no invento, solo... siento.


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